martes, 26 de enero de 2010

Fenrhir

La noche estaba lo suficientemente obscura y despejada para que pudiese ver las estrellas, tan dispersas como las luciérnagas que me rodeaban.
Habían pasado varios minutos de la medianoche y cuando me dirigí hacia la pileta la luna llena bañó mi cuerpo antes que el agua misma. Fue como si algo más se hubiese apoderado de mí.
El agua estaba fría, perfecta para mi gusto, y sin dudarlo me zambullí en busca de ese sentimiento gratificante. Al salir, la vi escondida tras un árbol, como si sólo estuviese allí para observar todos mis movimientos.
Respiré profundo, y fue ahí cuando noté que mi olfato no era el mismo: se había agudizado tanto para que notase el olor de varias criaturas nocturnas que ni siquiera podía ver.
No, ahora no imaginen nada de eso que aparece en las peliculas o en novelas. Aquí no habian garras, ni hocico ni mucho más pelo del que tengo. Sólo mi olfato y una gula que se incrementaba a medida que pasaba el tiempo.
A lo lejos, oí ese llamado tan peculiar que me invitaba a formar parte. Tuve la necesidad de escapar en busca de éste, y al instante comencé a escabullirme entre las sombras.
Ya no era yo, era el otro, quien agradecía a Odín por haber sido liberado en busca de venganza.

2 comentarios:

Lau dijo...

tenes blog! que lindo Fer :)

Lau

M. D. Álvarez dijo...

Hola amigo.

Ya que te gustó tanto mi blog de mitología y que hace poco he concluido. Aqui te dejo el enlace de mi nuevo blog. Sí, tambien versa sobre mitología, pero esta vez más profundamente. Un cordial saludo.

http://creadores-de-mitos.blogspot.com/